23 de gener de 2012

NOTES BERLINESES (XL)



Los berlineses se apoderan del Tiergarten con tan cuidadosa despreocupación que no se sabe si este parque inmenso es para ellos una pausa o un destino; no se sabe si el Tiergarten es un fin o un medio. Es un vestigio del paraíso, igual que la cercana Potsdamer Platz es un suburbio de Babel. En esa distancia entre el jardín y las torres se separan y se juntan la inocencia de los desconocedores del primer pecado y el recelo de los vencidos por el diluvio. Berlín es una escultura forjada por la guerra; entre sus tentáculos todavía humeantes se mueve la gente con la indiferencia estoica de quien sabe que hubo un día un precio que pagar. El suelo está caliente bajo sus pies con esa peculiar exhortación a dosificar memoria y olvido, tan palpable en esta ciudad condenada a ser pedagógica. Hay que olvidar al monstruo para vivir sin dolor, hay que recordar que un exceso de olvido constituye una ofensa hacia quienes tuvieron el sufrimiento por destino. Berlín es una ciudad épica, una Troya excavada por las bombas en la que la última muralla cayó hace solo veinte años porque quienes la construyeron no sabían gran cosa sobre santuarios.


JESÚS DEL CAMPO 'Berlín y el barco de ocho velas' (2010)

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