13 d’octubre de 2010

NOTES BERLINESES (XXXII)



"Es como si la mirada humana llevara siglos secretando una sustancia capaz de influir y cambiar el mundo, un pegamento que une los lugares y las cosas. Esa sustancia no existe realmente, las cosas no se van forjando por medio de ningún pegamento hasta convertirse en un conjunto sensato. Es nuestra mirada la que las une, la que les otorga un lugar en el todo, una mirada que duda entre comprender y no comprender, como si de manera intuitiva, por el simple hecho de verlas, quisiéramos conceder a las cosas un sitio en un mundo que, por otra parte, es desordenado, sin que además, por ello, tengamos la garantía de que efectivamente podemos situarlas.

Por otro lado, la mirada humana sí que otorga al mundo entero un vínculo sensato: todos los paisajes rurales y urbanos están formados, determinados y construidos por conceptos de geometría y perspectiva. Nada existe sin más. Lo que vemos siempre ha estado determinado por lo que han visto en ello quienes nos precedieron. Nosotros, que estamos allí y lo miramos, como en una vieja canción, volvemos a unir las cosas cuando las vemos; ningún paisaje en el que haya intervenido el hombre escapa a esta mirada vinculante que vuelve a reunir las cosas, vuelve a pegarlas y las interpreta como un conjunto coherente – un puente, un túnel, una torre, una curva en el camino -, como si formáramos frases, 'hacer construcciones oracionales' de las cosas aisladas que se hallan a nuestro alrededor. De esta trabazón, esta concesión de sitio a través de la mirada humana, los lugares abiertos en los paisajes urbanos son el ejemplo más extremo: la plaza es el sitio de reunión y de comercio donde van a parar los ciudadanos. Estos lugares abiertos sugieren una cohesión espacial sin que en realidad la veamos, una cohesión de la que poco podemos decir, pero que enseguida y de manera intuitiva reconocemos como una experiencia colectiva.

De esa manera, la árida llanura junto a la Potzdamer Platz de Berlín antes de 1990, por ejemplo, nunca fue tan sólo un terreno baldío, sino una cicatriz llena de significado, una historia de guerra y ciudades; y lo que en un principio podía parecer vacío, pasaba al instante a conglomerarse debido a la mirada, convirtiéndose en un yacimiento histórico en el que cada cardo emergente podía obtener su propio significado."

STEFAN HERTMANS 'Ciudades' (2003)


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